¿Cómo puede ayudarte la IA en la captación de fondos sin perder la cercanía?
En los últimos meses hemos hablado en COMPASSS sobre las nuevas obligaciones de transparencia derivadas del AI Act y sobre algunos conceptos básicos de inteligencia artificial útiles para las entidades sociales. Pero una vez entendemos qué es la IA y el ritmo que avanza, surge otra pregunta para nuestra Comunidad: ¿qué puede aportarnos en la captación de fondos?
Diversas organizaciones y personas expertas del sector social coinciden en que la inteligencia artificial puede ayudar a mejorar la personalización, analizar información o agilizar tareas, pero que la confianza y la relación con las personas donantes siguen siendo insustituibles.
En concreto para las entidades pequeñas, donde una misma persona suele encargarse de la comunicación, la captación y, a veces, de muchas otras funciones, la IA puede convertirse en una aliada para ganar tiempo y tomar mejores decisiones. Eso sí, recordando que la tecnología debe estar al servicio de la misión. Por eso, en este post compartimos seis consejos para aprovechar la IA en la captación de fondos de tu entidad.
1. Antes de captar fondos, identifica a quién te diriges
Uno de los principales apoyos de la IA es el de ayudarnos a comprender mejor a nuestros públicos. Distintas iniciativas formativas del Tercer Sector están incorporando ya el uso de IA para crear perfiles de personas donantes, identificar patrones de comportamiento o segmentar mejor las bases de datos con el objetivo de entender qué les interesa, cómo se relacionan con la organización y qué tipo de contenidos pueden resultarles más relevantes.
Hablar igual a todo el mundo no funciona. Por eso, nunca podemos olvidar quiénes son las personas donantes de la organización. Escuchar, analizar y adaptar sigue siendo una de las bases de una buena captación. Se puede conectar a través de una campaña, un email o un post cuando sabemos a quiénes nos dirigimos para hablar cuestiones que les importan a quienes apoya a la organización, como hizo Fundación ONCE colaborando en este vídeo de la usuaria Raquel, una pieza alienada con su misión, valores y construida desde una realidad reconocible para su comunidad.
O explorando herramientas de inteligencia artificial para comprender mejor el comportamiento de las personas donantes. Save the Children Australia, por ejemplo, ha invertido en Dataro, una empresa que utiliza aprendizaje automático para ayudar a las organizaciones a identificar mejor a qué personas dirigirse y cuándo hacerlo.
2. Comunica el impacto, no solo las actividades
Las entidades sociales suelen hacer mucho trabajo, pero no siempre resulta sencillo explicar qué cambia gracias a él.
La IA puede ayudar a ordenar información, resumir resultados o identificar qué aspectos de un proyecto pueden resultar más significativos para quienes apoyan una causa. No se trata de construir relatos artificiales, sino de encontrar formas más claras de explicar el valor que genera una organización.
A menudo, la diferencia entre una comunicación que pasa desapercibida y otra que moviliza apoyos está en la capacidad para responder a una pregunta sencilla: ¿por qué importa esto? Este punto puede recogerse en una memoria anual o contarse a través de una campaña en vídeo donde vemos el impacto de las personas que apoya la entidad, por ejemplo.
3. Personaliza, pero sin sustituir las relaciones humanas
Uno de los ámbitos donde la IA puede ser más útil es la personalización. Quienes colaboran desde hace años, quienes hicieron una aportación puntual o quienes acaban de acercarse a la entidad tienen motivaciones y niveles de vinculación distintos.
La IA puede facilitar la segmentación y la personalización de las comunicaciones, ayudando a las organizaciones a conocer mejor a sus públicos y dedicar menos tiempo a tareas repetitivas. Iniciativas como Fundraising.AI o la guía ‘AI Fundraising: How to Build Your Nonprofit's Strategy’ de DonorSearch coinciden en que el verdadero valor de estas herramientas no está en sustituir las relaciones, sino en liberar tiempo para cuidarlas mejor.
4. Gana tiempo para invertirlo en las tareas importantes
Redactar borradores, resumir reuniones, preparar propuestas o clasificar información son tareas que consumen tiempo. Por ejemplo, algunas entidades ya están utilizando herramientas de IA para analizar convocatorias de subvenciones y extraer automáticamente requisitos, criterios de valoración o fechas clave. Esto permite dedicar menos tiempo a tareas administrativas y más a diseñar proyectos, establecer alianzas o acompañar a las personas donantes.
La IA puede ayudar a realizarlas de forma más ágil para que los equipos dediquen más esfuerzo a aquello que sigue siendo esencial: escuchar, acompañar y cultivar relaciones con personas donantes, empresas colaboradoras y comunidades de apoyo. En otras palabras, el valor no está en hacer más cosas, sino en disponer de más tiempo para hacer mejor las importantes.
5. Mantén siempre la voz de tu organización
Uno de los riesgos de utilizar IA en comunicación es acabar publicando mensajes correctos, pero intercambiables.
Las entidades construyen su credibilidad a partir de una trayectoria, unos valores y una forma determinada de relacionarse con las personas. Por eso, cualquier contenido generado con ayuda de IA debería pasar siempre por una revisión humana. La tecnología puede proponer, sintetizar o sugerir, pero de los equipos profesionales que trabajan en la organización es la que aporta contexto, sensibilidad y criterio.
El informe ‘Nonprofit AI Adoption Report’ (2026), elaborado por Virtuous y Fundraising.AI, concluyó que el 92% de las organizaciones encuestadas ya utiliza IA de alguna forma, pero solo un 7% afirma haber logrado mejoras significativas en su capacidad organizativa. El estudio apunta que la diferencia no está en la herramienta, sino en aspectos como la gobernanza, los procesos y la supervisión humana.
6. La confianza sigue siendo el principal activo
La tecnología avanza rápido, pero los motivos por los que una persona decide apoyar una causa no han cambiado tanto. La transparencia, la cercanía, la rendición de cuentas y la capacidad para demostrar impacto continúan siendo elementos fundamentales para generar compromiso.
De hecho, el verdadero reto está en incorporar la inteligencia artificial de forma ética, responsable y coherente con los valores de las organizaciones.
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